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El primero era negro. Solo había visto uno en los Enanitos Toreros. Y me asaltó una pregunta bastante profunda:
¿Será que un enano negro también lo tiene enorme, digo en proporción a su tamaño?…
El segundo era blanquito y de cachetes rojos. Sin intención ofensiva puedo decir que era un enano rolo y estaba sentando en una banca de la cafetería, pero montado el algún extraño objeto que no alcancé a ver y pense:
¿Será que un enano rolo necesita andar siempre en la mano con una especie de balde o vasenilla, yo que sé, pa’ voltearla, ponerla en el asiento y ganar unos centímetros?…
Y el último era uno que no alcancé a detallar bien porque iba en la otra acera de la 7ma., pero llevaba un paraguas abierto, como una tortuga, y pensé:
¿Será que para esquivar a un enano con paraguas en un andén muy pequeño es necesario arriesgarse a ser atropellado o hacer una especia de maniobra militar de echar pecho al suelo y arrastrarse?…
… La verdad no sé las respuestas, investigad vosotros. Que pajó, shorty, what you gonna do?
Bueno lo que pasó en el día fue bastante extraño como tal… teniendo la excusa perfecta para faltar, fui a la Universidad. Y no solo fui, sino que me quedé más de tres horas sin hacer nada, cosa que no suelo hacer…………………………………………………………
Pero lo que más me impactó (de hecho me aterrorizó) fue que parecía el fin del mundo – alguna vez han visto Exterminio (28 Days) – esa era la sensación de desolación que sentí. El mundo vació, sin carros, sin pitos, sin acelere. Era como una pausa del tiempo y del espacio, todo corría en cámara lenta. Sentí que era el día final, que este mundo se estaba acabando.
Incluso desde la mañana, inconcientemente estaba haciendo cosas que haría si supiera que era el último día de vida. Leí, escribí, me bañé y salí pa’ la U. Participé en clase, le mandé un mensaje no muy adecuado a Chiki, pero total lo hice. Me quedé una hora hablando con la de Colonial, entré a la Biblioteca, me tomé un granizado de café, me senté otra hora en las escaleras a charlar con una amiga. Y de repente el silencio total !!! la Carrera Septima se quedó en el más profundo de los silencios, ni un solo vehículos (ni bus, ni taxi, ni carro, ni siquera carreta pasó). Ahí sí me asusté, miré al cielo y estaba amarillo, eran apenas las 5 de la tarde y ya casi no había sol. El día del juicio final había llegado, estuve a punto de correr donde cualquier cura desocupado de la Universidad y confesarle mi larguísima lista de pecados.
El cielo era un contraste entre un esponjoso techo gris de nubes de mal agüero y un sol amarillo fuego que cedía debil al paso de la oscuridad. Caminé una cuadra entera por la 7ma. sin que un solo carro me hiciera volver al andén. Realmente venía asustado, meditando sobre que pasaría si en verdad el mundo terminara hoy, 2 de mayo, o por el contrario siguiera su curso con todas las cosas que tengo qué hacer. Las casas de ladrillo reflejanban el incendio del cielo, y una placa de dirección dorada destellaba cual lingote de 24 kilates.
Era hermoso ver el fin del mundo como siempre me lo he imaginado. Ya solo me faltaba un trago de ginebra, volver a publicar en mi blog y chatear en MSN con los cybervip’s. Lo primero ya lo hice y por si las moscas ahora me sirvo uno y me pongo a ver el partido del Nacional, o mientras espero al cybervip… donde no se acabe al menos me puso a meditar por un buen rato y me hizo despertar de mi letargo, después de varios meses…

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