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Este es el primer, y espero el único, post sobre política colombiana -a pesar de estar rodeado de politólogos, prometí no darle lugar a éste tema, serle un poco indiferente y dejárselo a mis queridísimos amigos. Sin embargo, las reiteradas manifestaciones en contra de la privatización pública propuestas por el gobierno del dr. Álvaro Uribe -de quien precisamente prefiero no opinar para no darle más fuerza con mis pensamientos y mis energías- requiere una breve opinión.

Ya van varias semanas de Paro Nacional Indefinido, las universidades públicas aún no reanudan clases, y las manifestaciones son el pan de cada día -los miércoles han sido los días con mayor caos y afluencia de gente a las mismas. Siempre he estado en contra de las manifestaciones que paralizan el curso normal de la ciudad, y sobretodo aquellas que recurren a la violencia como voz de protesta. La violencia es violencia en cualquier circunstancia, pero las de los últimos días se puede llamar pacíficas. Además me parece inaudito que una nación -que aparenta estar entre las 5 economías más emergentes- no vaya a tener educación superior pública, y una institución insignia como lo es la Universidad Nacional de Colombia, sea manejada por entidades privadas y no por el Estado.

La privatización de éstas sería un gran golpe a la moral nacional, además de la injusticia que representa aumentar hasta en un 300% el valor de una matrícula, negando la oportunidad a miles de estudiantes -como si ya no fuera insignificante la cantidad de ciudadanos que pueden acceder a ésta. Y apoyo estas manifestaciones, así de simple. ¡No hay derecho que un gobierno evada sus responsabilidades y se jacte de su aparente emergencia mundial!

¿Si el servicio militar es obligatorio, por qué la educación no?.

[No hablo más de política. Me deprime].

Los toros son un arte efímero, como el canto
y la danza; un arte que, cuando el ejecutante
ha desaparecido, no existe más que en la
memoria de los hombres que lo han visto,
y muere con ellos
.

Ernest Hemingway.


Hablar de toros y literatura siempre es un tema que provoca gran placer. Los hombres valientes y arrojados se lanzan al ruedo, a la plaza; a torear, a escribir. Quien se lanza al redondel, capote y pluma en mano jamás podrá ser vituperado. Un gran torero, un gran poeta; hermanos de valor, hermanos de sufrimiento. Toreo ceñido, cargando la suerte; escritura fluida, enfrentando al lenguaje. La admiración es completa; que gran amigo fue Lorca de Sánchez Mejías, que gran amigo fue Mejías de él. Toda una generación, la del 27, siguió con fervor la fiesta, la más bella de todas: los toros.

Dijo una vez García Lorca:
«El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo». Fiesta que toda una generación rechazó, la del 98, rechazó intensamente por considerarle la culpable de los males de España. Males que nada tenían que ver con una fiesta con siglos de tradición, arraigada al ser español, a la que estos poetas costumbristas de vanguardia supieron darle el merecido valor que éste tenía en su esencia. Encontraron en la centenaria tradición el punto de partida a una creación poética. Poetas camaleónicos, vanguardistas y telúricos; genios que encontraron en su mismo ser, el material necesario para transformar la literatura. Y como digo, los toros siempre estuvieron ahí.

Elegías fervientes compuestas a los más grandes toreros: Juan Belmonte, Joselito “El Gallo”. A las suertes de la lidia, al valor y a la muerte; a la muerte del toro, a la del torero. La intensa admiración y amistad que se gestó entre toreros y poetas ha sido siempre conocida. Ignacio Sánchez Mejías, torero polifacético, intelectual y amante de la literatura, reunió en su más cercano grupo de amigos a Federico García Lorca, Rafael Alberti, Guillén, Bengarmín, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, por solo nombrar algunos. Gracias a una iniciativa propia de conmemorar los trescientos años de la muerte de Góngora, que permitió reunir en Sevilla, y le da el título de Generación del 27.
El profundo cariño que éstos sentían por el torero andaluz, solo pueden compararse con el expresado a Juan Belmonte, o en el caso de Diego a la esencia del toreo: cargar la suerte.

El valor que un poeta encuentra en un torero, va más allá de la tradición y la esencia del ser español. Es para muchos conocido el caso de Ernest Hemingway, escritor norteamericano y seguidor apasionado de la fiesta, quien también dedicó parte de sus letras a la tauromaquia. Y así hay miles de casos, incluyo el personal donde algunos, o los muy pocos versos, que me he atrevido a hacer han sido inspirados por el toro fiero y el torero valiente.


Pero para no abandonar la Generación del 27, podemos concluir que la amistad compartida por este grupo de poetas trascendió la barrera de la literatura, y a pesar de ser una generación bastante amplia y con etapas muy distintas entre sus miembros, siempre conservo la admiración por el arte: el de los óleos, el de las letras y el del la sangre y la arena. La tauromaquia fue una de esas columnas que los mantuvo unidos como grupo, como generación. No solo, a los toreros de principios de siglo, sino también con las figuras del toreo moderno; así, Rafael Alberti le escribió a L.M.Dominguín, a eso de los años 60.

Los toros son un arte efímero, como el canto
y la danza; un arte que, cuando el ejecutante
ha desaparecido, no existe más que en la
memoria de los hombres que lo han visto,
y muere con ellos
.

Ernest Hemingway.


Hablar de toros y literatura siempre es un tema que provoca gran placer. Los hombres valientes y arrojados se lanzan al ruedo, a la plaza; a torear, a escribir. Quien se lanza al redondel, capote y pluma en mano jamás podrá ser vituperado. Un gran torero, un gran poeta; hermanos de valor, hermanos de sufrimiento. Toreo ceñido, cargando la suerte; escritura fluida, enfrentando al lenguaje. La admiración es completa; que gran amigo fue Lorca de Sánchez Mejías, que gran amigo fue Mejías de él. Toda una generación, la del 27, siguió con fervor la fiesta, la más bella de todas: los toros.

Dijo una vez García Lorca:
«El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo». Fiesta que toda una generación rechazó, la del 98, rechazó intensamente por considerarle la culpable de los males de España. Males que nada tenían que ver con una fiesta con siglos de tradición, arraigada al ser español, a la que estos poetas costumbristas de vanguardia supieron darle el merecido valor que éste tenía en su esencia. Encontraron en la centenaria tradición el punto de partida a una creación poética. Poetas camaleónicos, vanguardistas y telúricos; genios que encontraron en su mismo ser, el material necesario para transformar la literatura. Y como digo, los toros siempre estuvieron ahí.

Elegías fervientes compuestas a los más grandes toreros: Juan Belmonte, Joselito “El Gallo”. A las suertes de la lidia, al valor y a la muerte; a la muerte del toro, a la del torero. La intensa admiración y amistad que se gestó entre toreros y poetas ha sido siempre conocida. Ignacio Sánchez Mejías, torero polifacético, intelectual y amante de la literatura, reunió en su más cercano grupo de amigos a Federico García Lorca, Rafael Alberti, Guillén, Bengarmín, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, por solo nombrar algunos. Gracias a una iniciativa propia de conmemorar los trescientos años de la muerte de Góngora, que permitió reunir en Sevilla, y le da el título de Generación del 27.
El profundo cariño que éstos sentían por el torero andaluz, solo pueden compararse con el expresado a Juan Belmonte, o en el caso de Diego a la esencia del toreo: cargar la suerte.

El valor que un poeta encuentra en un torero, va más allá de la tradición y la esencia del ser español. Es para muchos conocido el caso de Ernest Hemingway, escritor norteamericano y seguidor apasionado de la fiesta, quien también dedicó parte de sus letras a la tauromaquia. Y así hay miles de casos, incluyo el personal donde algunos, o los muy pocos versos, que me he atrevido a hacer han sido inspirados por el toro fiero y el torero valiente.


Pero para no abandonar la Generación del 27, podemos concluir que la amistad compartida por este grupo de poetas trascendió la barrera de la literatura, y a pesar de ser una generación bastante amplia y con etapas muy distintas entre sus miembros, siempre conservo la admiración por el arte: el de los óleos, el de las letras y el del la sangre y la arena. La tauromaquia fue una de esas columnas que los mantuvo unidos como grupo, como generación. No solo, a los toreros de principios de siglo, sino también con las figuras del toreo moderno; así, Rafael Alberti le escribió a L.M.Dominguín, a eso de los años 60.

¿Si el servicio militar es obligatorio, por qué la educación no?

¿Si el servicio militar es obligatorio, por qué la educación no?

Después de estar echado todo el día en la cama, sin hacer nada más que ver TV o medio dormir, decidí salir a buscar algo de comer -ya eran casi las 5 de la tarde. Bogotá estaba pasada por agua, con un viento helado que calaba los huesos, y unas esponjosas nubes grises que presagiaban peores tiempos. Salí a buscar algún alimento abundante, económico y rápido, porque mis tripas no me dejaban en paz; encontré en el Restaurante Bambú en la 7 con 60. Comida “china”. Abundante arroz, tres bolas de cerdo apanado y Coca-Cola, todo por $5.500

Como la “especialidad de la casa” son los domicilios de Arroz Especial, la entrada es un pequeñísimo pasillo con un recibidor lleno de facturas, cajas “enchuspadas”, tres teléfonos, y unas rejas que crean un semi cubículo que da la cocina, al fondo unas escaleras -que pensé eran las el comedor, pero ahora estoy seguro que dan a la casa de los chinos, coreanos, japoneses o vietnamitas , yo que putas voy a saber qué son, dueños del local. Una nevera con gaseosas y un arco a la derecha que SÍ va a dar al comedor. Unas cuantas mesas con platos sucios, piso mojado y resbaladizo, y tres personas sentadas en la mesa del centro. Tomé la primera mesa para dos que vi limpia y esperé. Ordené y comí.

En la mesa central estaban la mesonera y 4 repartidores -cuando llegué eran solo la mesera y un repartidor, los otros se fueron uniendo a medida que regresaban de hacer los mandados. Su conversación se daba mientras todos comían pollo apanado y papas a la francesa. ¿Por qué ninguno come arroz chino, o cerdo apanado? Eso me causó asco y miré mi plato con recelo. ¿Será que como conocen el contenido maligno del arroz, lo evitan a diario? Ignoré este pensamiento para poder seguir comiendo. Traté de escuchar la conversación de los dos chinos pero no entendí ni mierda, maldito mandarín. Seguí la conversación de los repartidores.

- Na na na na na na, pedidos- decía uno. -Na na na na na na muy lejos y el hijueputa no me dio propina- dijo otro. – Na na na na na doble transmisión de la moto – decía el tercero.

En fin, una conversación entre repartidores. Sonó el teléfono y contestó la señora oriental:

- Tenemos el arroz a $5.500 o el Especial a $9.000- … – Ajá, sí a $5.500 y a $9.000- … – Ajá, ajá ajá- … -¿Algo más?- … -¿Para dónde?- … -Bueno, ya se lo mando.

Y los repartidores al mismo tiempo se concentraron en un mismo punto en común al sonar el teléfono:

- No hay domicilios, estamos almorzando-gritó uno. -Acaso no es ella la que nos ordena que digamos siempre primero los más costosos, y que nunca ofrezcamos el de $5.000- preguntó el otro.

Y el repartidor más veterano, dijo: -Ella se contradice todo el día, china hijueputa. Lo regaña a uno cuando ofrece el de $5.000, siempre dice (imita maravillosamente el acento oriental): Nunca ofrezca $5.000, mínimo $9.000… No no muy lejos, le cobro recargo de $1.000. China loca.

- ¡John!.
-Señora.
-Entlegueme este pedido, pol favol.
- Bueno señora… por favor, guárdenme pollo. Ya vuelvo.

Nota: Pude conocer a la torpe dependiente que contesta el teléfono de vez en cuando, y dejenme decirles… Es muchísimo más estúpida (con acento en la T) en persona. A veces, la tecnología nos sirve de escudo. Que mujer tan idiota. Y que llenura la que tengo.


Se nos envejeció, y aún tiene la pata pequeña…

¡Jajaja, Chicha, me quedé en la talla 39… ¿qué más se puede esperar?


Se nos envejeció, y aún tiene la pata pequeña…

¡Jajaja, Chicha, me quedé en la talla 39… ¿qué más se puede esperar?


“Hoy no son 365 días más desde que saliste de tu acuario y respiraste por primera vez. Es una prueba de supervivencia, de realización. Sos un artista. Es otro año de experiencia, de inspiración”.


¡Já! si ves, mamá, alguien lo valora… guess who…


“Hoy no son 365 días más desde que saliste de tu acuario y respiraste por primera vez. Es una prueba de supervivencia, de realización. Sos un artista. Es otro año de experiencia, de inspiración”.


¡Já! si ves, mamá, alguien lo valora… guess who…