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Y que se me ha vuelto una manía. O susodicha feria del libro se termina, o yo que me voy a la ruina. Segurísimo.

Sí, tal como os he contado últimamente, que me he vuelto de lo más consumista. Libros, busos, pantalones. Ya la tarjetica, que tanto placer me da pasar, se me ha desnutrido, y sus capitales ronda por decenas de mil apenas -por si alguno de vosotros lee mi blog y no sois de Colombia, tened en cuenta que acá la moneda se trabaja en unidades de mil, es decir un dolar son 2 mil pesos, y por ejemplo un pantalón puede costar $70.000.

Pero para qué me hago el de los sufrimientos dolorosos. Si la verdad eso me pone lo más de contento. Y contaros, ni os digo.

En el transcurso de la semana visité dos veces la mencionada feria. La primera, con la excusa de buscar un libro sobre Marshall McLuhan, y aunque no dí con el, salí llevando tres librejos más. Sus nombres:

  • En el punto de mira de Arthur Miller, en Quinteto-Tusquets.
  • A de adulterio de Sue Grafton, también en Quinteto-Tusquets.
  • Y, Camp y posvanguardia de José Amícola, en Paidós.

Las dos primeras son novelas, relativamente cortas (200 y pico de páginas), y el otro es un libro de teoría sobre los fenómenos estéticos principales de la posmodernidad -Camp, Kitsch, Parodia y Gender. Bastante mamerto, pero delicioso. Y pues nada, de capitales no más de $20.000

Pero como no encontré dicho librillo sobre McLuhan, el habilidoso vendedor me propuso buscar el libro al otro día en la mañana, con la condición que yo pasare en la tarde. Y tal cual. Marketing del puro (no seamos tan hijueputas, hasta querido el man buscarlo por mí). Al regresar me había encontrado el librito -de verdad, es librito. No más de 70 pág. Sin embargo, como ando incontenible, me compré dos más. Y la cosa quedó así:

  • Marshall McLuhan and Virtuality de Christopher Horrocks, en Posmodern Encounter de Icon Books.
  • El mágico aprendiz de Luis Landero, en Quinteto-Salamandra.
  • Y Franco, Hitler y la Guerra Civil de Ángel Viñas, en Cátedra.

Y pues ahí sí, hasta he alcanzado el nivel de compra teoría en inglés sobre posmodernidad. Ve, que cosa tan paradojicamente posmoderna (o moderna?… da igual, es un decir).

Para hacer un recuento bibliográfico del mes de septiembre: 14 títulos en dos semanas (un título perdido más que compré en agosto me pide que no lo ignoré porque él también fue un gangazo pero es que el pobre salió más malito… bueno, bueno, pa’ que veás como soy de madre: Paciente de Ben Watt, en Reservoir Book. Total 15). Uy, shit, y mi almuerzo ?

Y la cosa no paró, pero como debéis estar mamados con tanta lora, solo resumo: Arturo Calle. Un buso de capucha a rayas, naranja y gris, y un pantalón de algodón gris con unos cuadrillos azules. Nada más, y eso que ya pensaba enfilar pa’ otro almacén pero la pereza de caminar me salvó… por lo pronto.

¡Y es que luego ando quejándome de mi vaciadez. Don José Luis, podemos negociar un aumento! Al menos, pa’ ir al cine.

Desde hace más de 15 días, sentía muy dentro de mí un desbordado deseo de comprarme algo. Pero como soy de los que buscan los gangazos, nada me satisfajo. Vi pantalones, camisas, busos, películas, y nada. No busqué libros porque jamás se encuentran buenas ofertas. Pero estaba equivocado.

Saliendo de clase, muy a las 5 y 45 de la tarde, me encontré con una carpita en medio de una de las plazoletas de la Universidad (dizque 3er Encuentro Javeriano con el Libro) y dije: Vea, pues. Ni más, ni menos. Con tiempo de sobra, entré y busqué algunas ofertas. Aclaro que nunca compro libros viejos y/o usados. Me dan pereza. Son muy feos. Sin tapujos, no me agradan. Los libros deben tener un cutis terso, un color cremoso, un olor limpio y una refulgente letra. Nada de comprar vejestorios, como un mueble tipo Luis XV, jamás.

De tacaño solo revisé la sección donde decía Libros desde $5.000, ya que era el valor máximo que estaba dispuesto a pagar por cada libro. Veía costados, títulos, nombres; noventa y nueve por ciento desconocidos todos. Y si alguno llamaba mi atención, con un movimiento automático le volteaba a ver el sticker del precio. -$10.000, no me sirve. Cinco mil, y que estuviese nuevo. Complejo. Y dándole a la búsqueda se encontraron 5 títulos, todos a first sight -love?-. Lo que me dijera la carátula y un poco el título, nada más. Pura superficialidad editorial, y qué. Salieron:

- Grandes escritores rusos en Clásicos Universales de Oceano.
- Los cipreses de Córdoba de Yael Guiladi en Quinteto-Edahsa.
- Arkansas de David Leavitt en Quinteto-Anagrama.
- El insensible de Andrew Miller en Quinteto-Salamandra.
- La canción de Dorotea de Rosa Regás en Booket.

Y justo cuando ya había cerrado mi consumo en $25.000, vi una promoción de Punto de Lectura de Santillana. Tres libros por $35.000. ¡Eh, qué cosa, parce! Ya me había hasta encariñado con los desconocidos librejos que llevaba en mi mano, y me salen con esta. Solución: -la más consumista- ni pa’ tanto, llevá los otros 3 también. $60.000 en total no son nada, por 8 libros. Y pues bueno, lo mismo me gasto en un buso. Decidí llevar los libritos. Había que hacer el gastico del semestre, y como no me lleno de esa mano de libros y fotocopias que me dejan mis maestros literatos, pos había que aliviar las culpas.

En Punto de Lectura: (ahora sí hubo nombres, títulos, oidas y lamidas a la hora de escoger).

- La tejedora de coronas de Germán Espinosa.
- La nostalgia del melómano de Juan Carlos Garay. (El único ya leído de todos).
- Yo, etcétera de Susan Sontag.

Y bueno, digamos algo más, intuitivamente también, falto de rigor crítico como la búsqueda.

- Arkansas me va a gustar. Los cripeses de Córdoba, tal vez.
- Grandes escr… lo compré por pura pretensión de literato. Hablando de Púshkin.
- La tejedora… está demasiado largo. Por ganarle a la promoción en número de páginas.
- La nostalgia… pa’ leer en Cali de nuevo. Echado en la asoleadora.
- Estoy insensible frente a El insensible. Ni fú, ni fá. Pueden pasarme años.
- La canción… me la leo rápido. Intrascendente. Premio Planeta 2001, que argumento.
- A doña Susan nunca le fotocopié un artículo para clase. Ni idea. Es cuestión de culpa la compra.
- Y quiero saber más de la relación moros-cristianos en Los cipreses. Pero está larguito.

No más, suficientes especulaciones. Pero me siento satisfecho. No niego que me encanta pasar la tarjeta de débito. Es un placer hacerlo.

¡Y que no se diga por ahí que en esta casa no le invertimos a la Cultura. Y eso que lo libros no me hacen ver mejor vestido!