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Esta es una historia real. Le pasó al amigo de un amigo, que también es mi amigo. Él se encontraba en la clínica, esperando a que le retiraran de la frente los 9 puntos que la habían hecho 15 días antes. La cita era en horas de la mañana, y esperaba que llegase la misma doctora que le había curado anteriormente. Pero en lugar de ella apareció un joven doctor, bastante yuppie -o simplemente gomelo en todo el sentido de la palabra. El doctor estrato 12 se acercó y le preguntó:
-¿Oye, qué te pasó? Te accidentaste.
-No.
-Ya sé. Te diste en la jeta.
-No.
-¿Entonces?
-Me di contra la mesa de noche.
-¡Uy, chino! ¿y ella cómo quedó?
-¿Qué?
-Sí, sí, pelado, ¡apuesto a que eso es lo que llamas el Salto del Águila o algo así!
-…
[Noooo, doctor, eso es lo que se llama una clavada borracho al nochero del compañero de apartamento por pura joda y no querer dejarle dormir, a las 4 de la madrugada. Ojalá la herida hubiese sido en medio de tan maravilloso acto de amor].
Después de estar echado todo el día en la cama, sin hacer nada más que ver TV o medio dormir, decidí salir a buscar algo de comer -ya eran casi las 5 de la tarde. Bogotá estaba pasada por agua, con un viento helado que calaba los huesos, y unas esponjosas nubes grises que presagiaban peores tiempos. Salí a buscar algún alimento abundante, económico y rápido, porque mis tripas no me dejaban en paz; encontré en el Restaurante Bambú en la 7 con 60. Comida “china”. Abundante arroz, tres bolas de cerdo apanado y Coca-Cola, todo por $5.500
Como la “especialidad de la casa” son los domicilios de Arroz Especial, la entrada es un pequeñísimo pasillo con un recibidor lleno de facturas, cajas “enchuspadas”, tres teléfonos, y unas rejas que crean un semi cubículo que da la cocina, al fondo unas escaleras -que pensé eran las el comedor, pero ahora estoy seguro que dan a la casa de los chinos, coreanos, japoneses o vietnamitas , yo que putas voy a saber qué son, dueños del local. Una nevera con gaseosas y un arco a la derecha que SÍ va a dar al comedor. Unas cuantas mesas con platos sucios, piso mojado y resbaladizo, y tres personas sentadas en la mesa del centro. Tomé la primera mesa para dos que vi limpia y esperé. Ordené y comí.
En la mesa central estaban la mesonera y 4 repartidores -cuando llegué eran solo la mesera y un repartidor, los otros se fueron uniendo a medida que regresaban de hacer los mandados. Su conversación se daba mientras todos comían pollo apanado y papas a la francesa. ¿Por qué ninguno come arroz chino, o cerdo apanado? Eso me causó asco y miré mi plato con recelo. ¿Será que como conocen el contenido maligno del arroz, lo evitan a diario? Ignoré este pensamiento para poder seguir comiendo. Traté de escuchar la conversación de los dos chinos pero no entendí ni mierda, maldito mandarín. Seguí la conversación de los repartidores.
- Na na na na na na, pedidos- decía uno. -Na na na na na na muy lejos y el hijueputa no me dio propina- dijo otro. – Na na na na na doble transmisión de la moto – decía el tercero.
En fin, una conversación entre repartidores. Sonó el teléfono y contestó la señora oriental:
- Tenemos el arroz a $5.500 o el Especial a $9.000- … – Ajá, sí a $5.500 y a $9.000- … – Ajá, ajá ajá- … -¿Algo más?- … -¿Para dónde?- … -Bueno, ya se lo mando.
Y los repartidores al mismo tiempo se concentraron en un mismo punto en común al sonar el teléfono:
- No hay domicilios, estamos almorzando-gritó uno. -Acaso no es ella la que nos ordena que digamos siempre primero los más costosos, y que nunca ofrezcamos el de $5.000- preguntó el otro.
Y el repartidor más veterano, dijo: -Ella se contradice todo el día, china hijueputa. Lo regaña a uno cuando ofrece el de $5.000, siempre dice (imita maravillosamente el acento oriental): Nunca ofrezca $5.000, mínimo $9.000… No no muy lejos, le cobro recargo de $1.000. China loca.
- ¡John!.
-Señora.
-Entlegueme este pedido, pol favol.
- Bueno señora… por favor, guárdenme pollo. Ya vuelvo.
Nota: Pude conocer a la torpe dependiente que contesta el teléfono de vez en cuando, y dejenme decirles… Es muchísimo más estúpida (con acento en la T) en persona. A veces, la tecnología nos sirve de escudo. Que mujer tan idiota. Y que llenura la que tengo.

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