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Ésta es mi primera publicación, tomada de la memoria de mi querido amigo Pipe B. Él escribió este cuentico hace unos días, y hoy después de leerlo, me entretuvo tanto que quise darle un pedacito de mi queridísimo blog.

¡Disfrútenlo!

Por: Felipe Botero Escobar.

Esa mañana de vacaciones, Jacinto se despertó como las 8 cuando su mamá lo llamó a desayunar.

Hacía unos pocos días, Jacinto había estado de cumpleaños, y sus padres le habían regalado a CUMBIAMAN, el nuevo superhéroe que buscaba salvar al mundo destruyendo a sus archienemigos con el baile de la cumbia.

Volviendo a la mañana de vacaciones, Jacinto se paró de su cama y no encontró a CUMBIAMAN junto a él. Lo buscó bajo la cama, entre las cobijas, y nada.

Bajó a la mesa muy preocupado a preguntarle a su mamá, quien no solo le dijo que no sabía donde estaba, sino que además lo regaño por desorganizado, diciéndole que como era posible que ya hubiera embolatado su regalo de cumpleaños.

Jacinto acabó de desayunar y subió muy triste a su cuarto a continuar buscando su muñeco, y ninguno de los otros juguetes quería decir nada ni que había pasado, pero lo único raro que Jacinto notaba era que a diferencia de las sonrisas normales que su oso, su culebra, los prehistóricos dinosaurios, los veloces carros, sus aguerridos soldados, entre muchos otros juguetes, estos tenían caras de pavor y de miedo.

Jacinto insistió y siguió preguntando, hasta que el peluche viejo y feo en forma de tortuga, que era considerado el más miedoso y raro entre los juguetes decidió agarrarle un pie a Jacinto y llevarlo hasta donde estaba la pantalla en la que se dibujaba con ruedas. Jacinto no podía creer lo que estaba leyendo:

prepárense demás juguetes, que nosotros los temibles corsarios de los mares imaginarios nos los llevaremos a la dimensión de los sueños. UNO A UNO”

Mientras tanto en los mares imaginarios en el barco hecho de madera de casa de muñecas robadas, que tenía una vela grande de retazos hecha de capas de superhéroes y vestidos cortados de muñecas que la hacían ver de muchísimos colores, que en la proa del barco -es decir la punta de éste- se adornaba una cabeza gigante de un tiranosaurio rex, mientras que la popa -es decir la parte trasera- tenia incrustada una de esas ballenas orcas que se inflan para jugar en la piscina.

Dentro del barco habían infinidades de juguetes de todas partes del mundo, no utilizados para lo cual habían sido inventados: muñecas con largo pelo como trapeador de borda; hombres elásticos para amarrar las barcas de asalto, las cuales tenían forma de pera gigante acostada; carros en los que cabían niños adentro utilizados como jaula de pesadillas, arma importantísima para asustar a los niños rebeldes, entre muchas otras cosas.

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Entre los muchos piratas que conformaban esta tripulación, encontramos a Clarussa, la Medusa: una mujer que según cuenta la leyenda tenía la más hermosa cara entre todas las niñas de su edad, sin embargo después de un día de duros vientos en el que peleó con su mamá por no dejarla jugar con sus amiguitas, decidió irse a vivir al mundo de los sueños donde se unió a la tripulación de este barco, se puso una máscara en su cara para que nadie la reconociera y el pelo por estar tanto tiempo entre los mares de la imaginación se le convirtió de culebras como medusa.

El ayudante número uno del capitán se le conocía por el nombre de Cacayo el caregallo: quien un día siendo niño sus padres no lo dejaban tener una mascota para jugar pues era alérgico a casi todos los animales, y él solo soñaba con tener un gallo que lo despertara para ir al colegio y con quien poder hacer competencias de espuelazos; así que decidió marcharse de su casa al mundo de los sueños y donde pasó tanto tiempo con los gallos que empezó a adquirir su aspecto físico, y la nariz de Cacayo era puntiaguda y la boca se le había convertido en pico y sus patas eran patas de pollo con grandes espuelas.

El gran líder de este temible barco era el gran capitán Rupete el Sin Juguete: quien cuando era niño sus padres se negaban a regalarle juguetes y cuentos para niños, pues decían que esto iba a impedir el desarrollo de la inteligencia, y solo lo dejaban leer la revistas de finanzas y economía. Cansado de esa situación decidió irse a vivir al mundo de los sueños y adoptó la postura de uno de sus personajes favoritos, el capitán Garfio, parte de la historia de Peter Pan, libro que leía a escondidas en las noches sin que sus papás lo descubrieran. Tenía un largo y crespo pelo, se había conseguido con una peluca robada, una fina chaqueta de terciopelo rojo, con hilos de oro que bajaba hasta las rodillas, una pata de palo, y una mano con un garfio.

Cuando el capitán Rupete llegó a los grandes mares imaginarios decidió conformar una banda de piratas que robara los juguetes de los niños mientras dormían, y fue así como conoció a Clarussa, a Cacayo, y a una infinidad de corsarios que en este momento no recuerdo ni su nombre, ni su historia.

El plan de esa noche era regresar a la casa de Jacinto, para poder llevarse más juguetes como tesoros a sus arcas. Así que a eso de las 45i39 carrusel hora del mundo de los sueños- es decir a las diez de la noche en el horario que nosotros conocemos- emprendieron su viaje, y embarcando la nave empezaron a viajar entre las olas de los mares imaginarios, hasta que encontró la entrada del mundo real por el tubo mayor del acueducto, y así entre tubo y tubo, y gracias a la ayuda de la brújula loquilla, llegaron al inodoro del baño del cuarto de Jacinto.

Los corsarios, mientras bebían a grandes sorbos, y sin importar si hacían, reguero la mágica bebida encontrada en la famosa isla de Roxirina la cual permitía viajar al mundo real para robar los juguetes entonaban su canto:

“Cuídense juguetes que a robarlos van

Nosotros los corsarios, provenientes de la mar;

Prepárense niños no vallan a llorar,

Pues sin juguetes se van a quedar,

Somos los malvados, piratas sin barbas.

Que ahora poseemos al famoso CUMBIAMAN,

Y ya nadie, nunca derrotará, a nuestro valiente capitán.

Y al resto de juguetes nos podremos robar…..”

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Los corsarios dejaron parqueado el barco en el agua del inodoro, y soltaron a todas las feroces bestias del mundo imaginario. Soltaron a los delfines elefantes, que se nadaban al lado del barco, los pajarracos misteriosos con poder de tirar telarañas como El hombre araña, y muchos otros, tan terribles que es mejor no contarles.

Y empezaron a tomar a todos los juguetes, y entre los piratas y las bestias el cuarto se fue quedando vacío. En ese momento, Jacinto se llenó de valor, salto de la cama y trató de arrancarle su vieja tortuga a Cacayo el Caregallo. Cacayo no podía creer lo que estaba viendo, así que le gritó al Capitán, el cuál enfurecido mandó a que los pajarracos misteriosos lo envolvieran en sus redes.

Así, Jacinto fue capturado y llevado al barco, donde lo dejaron en una esquina con muchos juguetes viejos y rotos que habían sido acabados por los piratas, pues no sabían usarlos.

Después de muchas horas, como 45i322e caramelo exactamente -lo que en nuestra medición son demasiadas horas, es más ni siquiera nos cabrían en las manos y en los pies- Jacinto estaba desesperado y aburrido, pues amarrado y quieto no tenía nada que hacer, y sus amigos, los juguetes, estaban muy lejos.

Jacinto cogió un destartalado carrito de juguete y empezó a jugar. Soñaba que era el más veloz entre los pilotos de carreras y que en su pista adelantaba carros a mucha velocidad.

Lo que no sabía Jacinto es que como se encontraba navegando entre los mares imaginarios. Cada persona que pudiera imaginar algo, iba a poder vivirlo, y en ese momento alrededor de Jacinto la carera de carros era real.

Los corsarios aterrados y con miedo llamaron al capitán Rupete, quien al ver esto interrumpió el juego de Jacinto, y se lo llevo al cuarto personal. En este lugar, el Capitán asombrado y confundido le dijo:

-Aquí están guardados los juguetes más bonitos que he conseguido a lo largo de mi vida, y nunca he conseguido que algo suceda. Eso que te paso a ti, mientras tenías el carro.

Jacinto, quien estaba muy atemorizado con lal presencia del Capitán, y casi no podía musitar palabra, solo pudo contestar:

-Yo solamente estaba jugando.

El capitán no entendía que era eso de jugar, y le pregunto que en que consistía.

Y Jacinto que era un experto conocedor del tema, le empezó a contar que eso era lo que la mayoría de los niños hacía en su tiempo libre, y que era utilizar la imaginación para inventarse historias y situaciones, y que si tenías juguetes, estos podían hacer parte de lo imaginado, para divertirse.

El capitán se sentía muy feliz y se quedó mucho tiempo oyendo las historias que Jacinto le contaba sobre los juegos que había tenido en toda su vida.

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Después de esa larga noche, el Capitán reflexionó mucho, y descubrió ellos hacían eso porque a ninguno le habían dejado jugar, y por eso nunca aprendieron. A la mañana siguiente hizo reunir a toda la tripulación en la cubierta del barco y anunció:

-Con ustedes, les presento al nuevo alférez Jacinto. A partir del día de hoy, él nos va a enseñar a jugar y por fin podremos utilizar los juguetes que hemos conseguido. Claro está, si mi amigo Jacinto no tiene ningún problema.

Jacinto se quedó reflexionando, y como era tan inteligente dijo que aceptaría pero con una sola condición:

-Yo les enseñaré a jugar a todos, pero una vez aprendan devolverán cada juguete a su respectivo dueño, pues los niños a quienes les quitan los juguetes deben estar muy tristes.

Dijo también que para que los piratas no se sintieran tristes, él los recibiría en sus sueños, les compartiría sus juguetes, y se podrían divertir juntos, porque si algo es importante para poder jugar, es tener amigos.

Los piratas aceptaron felices y pasaron muchas horas junto Jacinto, quien jugó con todos y participó de mil historias, y así el barco de los piratas tuvo diferentes mundos imaginados por cada dos pasos que se daban y todo era felicidad y alegría.

Cuando aprendieron a jugar decidieron embarcarse, dejar a Jacinto en su casa para que su mamá no se preocupara, y seguir la ruta para devolver los juguetes que se habían robado.

Así que si a ti se te apareció un juguete que no era tuyo en casa fue culpa del desorden de nuestros amigos Rupete, Clarussa y Cacayo. Pero, si te aparecieron lo juguetes que tenías perdidos, dales las gracias y cuando estés soñando invítalos a jugar y comparte tus juguetes para que descubras el gran mundo de los mares imaginarios.

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